No me gusta ocupar fósforos para prender la cocina o el cálefont, porque si saco la cuenta, en un día se baña mi mamá, mi papá y yo, tres (3) fósforos; después, cada uno se prepara un café o un te, o un café con leche o un te con leche, haciendo tres (3) fósforos más. Y si más encima se calienta la comida, aparte de la preparación misma, van cuatro (4) más. Claro, ese es un día en donde no nos vemos y hacemos las cosas por separado; pero es así más de una vez por semana.
Son diez (10) fósforos tirados a la basura, que tan solo se ocupan para necesidades básicas, pero dejando de lado otras necesidades básicas; y si esto lo multiplicamos por (para no exagerar) tres días a la semana, en donde esto es posible que ocurra, son treinta (30) fósforos tirados a la chuña.
Madera que no se podrá recuperar jamás, porque si vieron el capítulo de los Simpsons, en donde Homero descubre para donde van los palitroques en el bowling, dándose cuenta de que por cada Sequoia se hace un palitroque, estamos cagados.
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