domingo, 31 de mayo de 2009

Sergio Villalobos, Historiador "Mestizo"


"No solamente los mayordomos, sino cualquier mestizo despierto sacaba provecho de su situación, robando y engañando en cuantas ocasiones podía, fuese a patrones o gente pobre, refugiándose en la impunidad y en la complicidad de sus amistades. Ése fue su modo de vida."

"Cierto número (de mestizos) residía en los pueblos de indios o en sus cercanías, encontrando hospitalidad y cariño en las indias y una alimentación suficiente para sobrevivir. Sus abusos eran proverbiales, permanecían en el ocio, bebían y robaban y en ocasiones se llevaban a las indias. Las disputas con los hombres eran continuas y podían concluir con algún crimen."

Sergio Villalobos, Historia del Pueblo Chileno, tomo IV.

"TEMPRANAMENTE ALGUNAS AGRUPACIONES ( refiriéndose a los araucanos o mapuche) COMENZARON A HABLAR EL CASTELLANO Y CON EL CORRER DEL TIEMPO SE GENERALIZO SU USO, AUNQUE HUBO COMUNIDADES O INDIVIDUOS RECALCITRANTES QUE AUN PUEDEN ENCONTRARSE COMO CURIOSIDAD" (Artículo de El Mercurio: "Araucanía, Errores Ancestrales", de fecha 14 de mayo del 2000).

"El querellado claramente con la expresión recalcitrante está desvalorando el idioma mapuche haciendo aparecer a los mapuche-hablantes como personas que persisten en un estado de barbarie y que son vistas por la sociedad como una extravagancia, como personas de segunda clase. De este modo da a entender que quienes hablan castellano son personas normales y civilizadas y quienes hablan el idioma mapuche son marginales, bárbaros, incivilizados, en suma, una "rareza " (Extractos de la querella en contra de don Sergio F. Villalobos Rivera, como autor del delito de injurias graves y por discriminación manifiesta e intencionada en contra de los indígenas mapuche, año 2000.)

"LA RELIGIÓN Y MORAL CRISTIANA TAMBIÉN INFLUYERON EN LA VIDA ARAUCANA, AUNQUE CON GRANDES TROPIEZOS Y SOLO A MEDIAS. IDEAS TALES COMO LA DEL BIEN Y EL MAL, EL CASTIGO Y LA RECOMPENSA, SE ABRIERON PASO. LA JUSTICIA EN LUGAR DE LA VENGANZA , LA MONOGAMIA Y LA CONDENA DE LA HOMOSEXUALIDAD, QUE ERA UNA PRACTICA CORRIENTE, SE IMPUSIERON A LA LARGA" (Artículo de El Mercurio: "Araucanía, Errores Ancestrales", de fecha 14 de mayo del 2000).

"Habla de homosexualidad generalizada, como si ésta no existiera en la sociedad chilena o española y fuera una característica tradicional , atávica, de las personas mapuche.
"La poligamia existió por que en la sociedad mapuche no se aceptaba ni la esclavitud ni el trabajo asalariado, y en consecuencia cuando un hombre aumentaba sus bienes la única forma de aumentar la mano de obra era aumentando su familia
"Si se examinan objetivamente los hechos, la poligamia era una paternidad responsable, la que no tiene ninguna comparación moral con la forma en que los dominadores se reproducían sexualmente.
(El castigo)"Al respecto, como bien debe saber el querellado, las mutilaciones y empalamientos fueron práctica corriente en la cultura que él señala como más "avanzada" en el proceso de conquista
"Por último, señala que entre los mapuche no existían las ideas del bien y el mal, lo que es, sin duda, un expresión tan ofensiva que llega al extremo de excluir los mapuches de la especie humana" (
Extractos de la querella en contra de don Sergio F. Villalobos Rivera, como autor del delito de injurias graves y por discriminación manifiesta e intencionada en contra de los indígenas mapuche, año 2000.)



viernes, 29 de mayo de 2009

Lo cruel es no poder desahogarse


Con el cabezo en el frío he andado últimamente. La cuello ya no da más con la angustia de no pertenecer a la cuerpa. Se me escapan los ideos cada vez que pienso fuerte y la negación de la realidad es una cosa del dío a dío.

El suerto no está de mi lado. Las acciones victoriosas que ha tratado de acometer mi conciencio no quedan en más que intentos: soy un desaforado en mi núclea primordial. La negación de la realidad se ha convertido en mi ruino.


Me han dado ganas de exterminarme de raíz y volver a la pez a través de ejercicios de memorio. Más encimo, dudo de mi seriedad. Ya no hay caso con mi almo que solo piensa en tener.

He vístome tratando de entenderme, pero no hay casa: el transaparencio no se ha convertido en hábito y por lo tanto, me queja y me queja. No me queda más remedio que el desahogo.

Aunque trate de salir por el puerto principal, hay veces que mi relato peca de nulo transparencio e intempestivamente caigo en pequeños lapsus de madurez. Pero no son más que sueñas.

Lo cruel es no poder desahogarse.

sábado, 23 de mayo de 2009

Sin Alguna Fe


Tenía un gato que imaginé era gata. Fue llamada Kathy y era tratada como tal. Vivía una vida regada de comodidades, como solo los gatos saben hacerlo. Heredero de un trono inventado, vivía como princesa, más que como rey. Si bien el epíteto “pichula de gato” es más cierto que la chucha, en este caso quedó fielmente retratado. Me demoré casi tres años en notar una pequeña protuberancia que se exhibía impudorosa por entremedio de unos pliegues bandidos. Mí gata era gato y se lamía sus vergüenzas. Una pichula roja y escamosa: Zoología; una pichula roja, apetitosa: Zoofilia. En mí caso, no fue ni lo uno ni lo otro.

Fue sorpresa. El maricón vivía como gata, dormía como gata y respiraba como gata. Llevaba una vida fuera de lo común en su cuerpo masculino, sin ninguna necesidad femenina. Era un maldito aprovechador de la templanza humana y vivía solo para él. Si antes solo salía a hacer sus necesidades intrínsecas a la vida, como cagar y mear, ahora salía como un ser sexuado, con ganas de tirar. La sorpresa que causó fue tanto para mí, como para él. Cambió de Kathy a Cato, como quien cambia de salmón a jurel.

Salía cada bendita noche por la ventana del baño y entraba por la misma, así que había que estar atento. Cautivaba la atención de la casa con sus maullidos madrugadores y la necesidad de silencio se volvía imperante. Había veces en que pasaba días sin dar recado, para llegar hediondo a aventura, con actitud ganadora. Era un rey en su trono.

La rutina que llevaba no le daba descanso, de día dormía, de noche webeaba. Un ritmo de vida voraz que lo hizo llegar una noche con herida fulminante. Su cola estaba rasgada, como una lengua de serpiente, y me demoré tanto en notarlo, como el descubrimiento de su sexo.

Se quejaba durmiendo, se quejaba despierto; al tomarlo rasguñaba, al soltarlo maullaba. Un día en que lo tomé para revisarlo, para notar la causa de tanto escándalo, roce su cola con un suave movimiento que me dejó los dedos llenos de sangre.

Una herida profunda, hecha probablemente por los colmillos de un can, que no encontró mejor juguete que un gato en su libertad. Ambos libres en su frasco de conservas, en donde el más fuerte gana el premio indiferente; tan distinta a nuestra vida. Mi gato estaba lisiado de la cola y además, lo habíamos cambiado de territorio. Pasamos de una casa y sus amistades gatunas, a un departamento y su tercer piso de turno.

En el entretiempo en que mi gato se mejoró de su mal, la cola fue de a poco desapareciendo, hasta quedar un muñoncito irreal. Más encima, la solución que teníamos para que su cola no se infectara, un spray de color morado intenso, dejó huellas por todo el departamento. Cato se refregaba por todas las paredes para sacar tan sucio condimento de su cola trasquilada. Pintaba en morado su angustia, por todas las paredes de la casa. Era tan bello como doloroso, si es que el arte puede ser de otra manera.

Cato vivía con dos pesares, el de ser un minusválido sin solución aparente; y el de vivir en un tercer piso, sin derecho a sacudir sus angustias en la noche emancipada. Vivía una mala vida; una vida sin vida, con tanta vida por delante. No tenía más de cinco años cuando buscó la solución más certera a su problema. Saltar al infinito, que tan solo eran tres pisos, de tres metros y medio cada uno, haciendo un total de diez y medio; nada que un gato, con sus almohadas filosas no supiera amortiguar. La puerta de la cocina daba al infinito y él no se iba a negar.

Saltó sin equilibrio, con la mitad de una cola pelada, que en su punta costrosa mantenía aun su resguardo morado. Iba a pintar graffitis con su cola embadurnada, iba a negociar con otros gatos la vida que siempre supo iba a tener. El salto lo desligó para siempre de una vida de aprehensiones, ahora lograría ser más libre que en su vida había imaginado.

La casa quedó en silencio, su cama quedó vacía.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Porcino


"Las plagas, en efecto, son una cosa común pero es difícil creer en las plagas cuando las ve uno caer sobre su cabeza. Ha habido en el mundo tantas pestes como guerra, y sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas."

"Ciertas cifras flotaban en su recuerdo y se decía que la treintena de grandes pestes que la historia ha conocido había causado cerca de cien millones de muertos. Pero ¿qué son cien millones de muertos? Cuando se ha hecho la guerra apenas sabe ya nadie lo que es un muerto. Y además un hombre muerto solamente tiene peso cuando le ha visto uno muerto; cien millones de cadáveres, sembrados a través de la historia, no son más que humo en la imaginación."

Albert Camus, La Peste.

Diez Mil Doscientos Cuarenta y Tres (10.243) casos confirmados de A/H1N1 en el mundo. Tan solo Ochenta (80) muertos. Actualizado con fecha 20 de mayo del 2009.
Fuente: Organización Mundial de la Salud (OMS/WHO).

Mapa de datos confirmados y reportados a la OMS/WHO
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martes, 19 de mayo de 2009

Pa' la calle los Mirones, no se hagan los Weones.


Educación Pública Gratuita de Buena Calidad.
Educación Púbica Gastrítica de Dudosa Claridad.

"Si una cosa no puede usarse para mentir, en ese caso tampoco puede usarse para decir la verdad: en realidad, no puede usarse para decir nada."

Umberto Eco, Tratado de Semiótica General.

sábado, 9 de mayo de 2009

Roberto Bolaño y las vanguardias putrefactas.



"Casi todas las vanguardias artísticas, han servido de refugio para mediocridades impresionantes. Hay una clase de personas que necesitan participar en lo que llamamos arte, pero que están negadas para cualquier acto de valor; y para acceder al arte, lo primero que se necesita, incluso antes que talento, es valor" (Revista Tambor, agosto/septiembre 2004)

(Claudio)"Bertoni, hasta donde sé, es una especie de hippie que vive a orillas del mar recolectando conchas y cochayuyos". "Tiene la suerte apretada como un guante" (Putas Asesinas)

"Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben(...)" "(...) dos libros, uno clásico, como una piedra lisa, y el otro moderno, intemporal, como la mierda(...)" (Putas Asesinas)

martes, 5 de mayo de 2009

Nadie

Me puse a golpear su puerta, pero nadie salió. Lo hice cada vez más fuerte, hasta que sentí una voz que bajaba las escalas del block.

-No hay Nadie -habló con la voz saliéndole desde el diafragma, como una extensión de lo que se estaba guardando para más adelante. Continuó bajando la escala.

Su aviso me irritó, por qué se tenía que meter en asuntos que no le interesaban en lo absoluto, pensé. Eso de ser buen vecino no es más que una excusa para ser entrometido.
Seguía bajando la escala, hasta que llegó donde me encontraba yo y me dio un empujón y un golpe seco en la nariz

-¡Te dije que hay Nadie! -intentó gritar. Su cuerpo y su cara no eran de alguien que podía estar haciendo lo que a mi me estaba haciendo, no correspondía que un tipo de cabello gris, boina desgastada, pantalones brillantes de tantas pasadas por la plancha hirviente y un chaleco, que a la vista traía olores añejos, fuera capaz de llegar de improviso y atacar a alguien. Pasar inadvertido era su juego.

Traté de estabilizarme, el golpe me había dejado mal parado.
-¿Te dije que había Nadie, no? ¿Por qué la gente es tan porfiada, por la chucha? –y me asestó otro golpe, ahora en la barbilla.

Golpeaba firme, pero despacio; sabía pegar, pero sus golpes no causaban daño, no me causaron daño. Era valiente el tipo, estaba defendiendo quizás qué intereses y por qué motivos. A mi eso no me interesaba, yo venía a cobrarme.

-Para tu weá viejito, que no te quiero aforrar –le dije, recuperándome y limpiando un poco la sangre que corría por mis labios –Si estoy acá, ya no es bueno. Y si además me reciben de esta manera, no es conveniente ni para ti, ni para mí.

Se acercó despacio nuevamente, yo no me movía, no respiraba. Cada músculo estaba tensándose para dejar algunos puntos claros. Me tiró un derechazo cruzado, lo esquivé inclinándome a mi derecha y le di de lleno en las costillas, sentí sus huesos. La fina capa de piel que los cubría solo servía para que no quedaran expuestos a la vida. Se alejó jadeando.

-Viejito, podrías ser mi abuelo. No te metas, no te conviene. Yo no soy un mal tipo, pero vengo a hacer mi trabajo y no me puedo ir con las manos vacías. ¿Me entiendes? –razoné con él, traté de hacerle ver que estaba perdido, que a su edad no se podía comparar con alguien que estaba en su apogeo. Que si hubiese querido, ese golpe en sus huesudas costillas podía haberse triplicado. Ahora estaría tirado ahí, semi-inconsciente y yo, continuaría con mi labor.

Se metió la mano bajo el chaleco. Un olor a transpiración, a cuerpo viejo sin bañar salió disparado de esa piel artificial, de esos puntos de lana entrelazados, cobijando ese cuerpo viejo, ya en la recta final. Se sobaba las costillas, ese golpe lo dejó marcado ¿Cómo no? si sentí sus huesos. Los sentí tan bien como si hubiera atravesado su piel y hubiera llegado donde nacen esos tejidos cartilaginosos. Incluso, los nudillos me dolían.

El viejo se sobaba de manera extraña, pensé que era algún tipo de masaje olvidado por la ciencia en su voraz lucha por encontrar el placebo mayor, la droga perfecta, el soma ideal. Se sobaba con estruendo, parecía que buscaba algo. Lamentablemente, me di cuenta demasiado tarde, un certero disparo en mi estómago hacía que en un torrente de sangre, como nunca antes había visto, se escapara rápidamente mi vida.

Mi último recuerdo es de estar tirado en el suelo terroso y con el viejo mirándome desde arriba, con una sonrisa, que tampoco encajaba en su cara, en sus arrugas y en sus años. Me miraba con un extraño brillo en sus ojos, una risa sardónica humillando mis últimos minutos de vida:

-Te dije que había Nadie, ¿o no?