domingo, 30 de mayo de 2010
Breve historia de un exterminio
La historia del sur del Chile, rico en recursos naturales y uno de los paisajes más bellos del mundo, con caudalosos ríos y vastos prados, ha estado marcada por la destrucción. Las quemas ilegales a fines del siglo 19, con el propósito de aclarar zonas para el asentamiento humano, fueron el inicio de la colonización de estos parajes indómitos. No se respetaron los suelos vírgenes ni se pensó en futuros habitantes. Los colonos traían aparejada la destrucción.
No sólo el fuego invadió estas tierras. El sobrepastoreo, sobretodo de ganado ovino, ha despedazado la tierra, erosionándola y haciéndola débil al viento y al agua. Las consecuencias de esto van desde el truncamiento genético de la flora y fauna nativa, la poca fertilidad de los suelos, hasta la poca capacidad de estos mismos suelos de absorber la humedad, lo que redunda en una desertificación sin vuelta atrás.
Estos problemas, que vienen desde fines del siglo 19, a propósito de la colonización y sus consecuencias humanas, chocan con el nuevo estado de cosas en el sur chileno. Hidroeléctricas, represas, autopistas; los mismos problemas anteriores, pero con un toque más destructivo y un dejo de avaricia y nula conciencia ecológica, que los hace aun más feroces.
Variados estudios dejan muy mal paradas a las represas, diciendo que están pasadas de moda y que sus beneficios no son tales, pues con una vida útil de 70 años, lo que mejor hacen es enfermar los ríos. Lo dice el ecologista irlandés Patrick MacCully, en su libro “Ríos silenciados: ecología y política de las grandes represas”.
Los mejores lugares para hacer represas han sido tomados, por lo que cada vez se hacen menos; al igual que evidencias científicas afirman que por el estancamiento de las aguas, la vegetación y los suelos subyacentes se descomponen, produciendo grandes cantidades de gases de efecto invernadero, como metano y dióxido de carbono. Cada vez hay menos razones para construir estas mega represas, pero en el sur de Chile, las ganas no se van.
Una de las razones de estos megaproyectos, es la necesidad de energía en las zonas del centro del país, es decir, Santiago de Chile. Atravesar el país con kilómetros y kilómetros de tendidos eléctricos, que sumada a nuestra loca geografía, llena de volcanes, actividad sísmica, cerros y cordilleras, es un reto que seguramente terminará en continuos apagones o Blackout. Además, la fealdad de estas altas torres, que con una altura aproximada de un edificio de 35-40 pisos, contrasta con el paisaje, alterándolo estéticamente y alejando a los turistas. Si se aleja a los turistas, una veta de desarrollo de estas distantes zonas del país, se verá francamente afectada.
Organizaciones como Patagonia Sin Represas, acusan los intereses económicos que dan pie a estas políticas devastadoras para el medio ambiente. El mismo documental Patagonia Chilena sin Represas (íntegro en Youtube), da cuenta en forma clara y concisa, lo devastador que sería para la ecología y economía de la zona austral, el desarrollo de estas hidroeléctricas.
Si bien las quemas ilegales, el sobrepastoreo y la desertificación son problemas “menores”; comparados con la grandes represas, la inundación necesaria para crear estas grandes hidroeléctricas es de temer y las consecuencias serán mayores, pues el cambio climático es un hecho, del que al parecer, algunos no están concientizados.
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