viernes, 31 de julio de 2009
jueves, 23 de julio de 2009
GORE
"Yo he visto el suelo cubierto de ruedas, de cepos, de horcas, de picotas; he visto esqueletos espantosamente tendidos sobre ruedas."
"(...)descoyuntar a un condenado en la rueda, azotarlo después hasta la pérdida del conocimiento, y tras ello suspenderlo con cadenas, antes de dejarlo morir lentamente de hambre."
"(...)arrastrado sobre un zarzo (para evitar que la cabeza reventara contra el suelo), en los que se le abría el vientre, arrancándole las entrañas apresuradamente, para que tuviera tiempo de ver, con sus propios ojos, cómo las arrojaban al fuego; en los que se le decapitaba finalmente y se dividía su cuerpo en cuartos."
Michel Foucault, El Cuerpo de los Condenados.
El médico y el funcionario
Uno cuidando, el otro esperando
El primero retrasa, el segundo imagina
La muerte va lenta, en el caso segundo
La muerte no espera, en el caso primero
El médico espera
El funcionario se espera
Ambos lo mismo
Ambos sin pena
No es suyo ese cuerpo
No es suyo ese tiempo
Tan solo dos hombres
Que esperan la pena
lunes, 13 de julio de 2009
Chileno
Dando forma a una empresa muy particular, me di la tarea de aislarme por unos días en la Cordillera; de la Costa o de los Andes, daba igual. Era ausentarse la opción y la Cordillera, la solución. Me fui con lo poco que necesitaba, algo de comida y un buen abrigo. Subí las cuestas más empinadas y bajé los declives más pronunciados. Era uno con la Cordillera, era uno con la tierra. Comí raíces, tome agua de las cumbres congeladas, recorrí lo que pocos conocen y también cagé. Defequé a orillas de una cauce de agua llena de minerales. Mi caca se mezcló con esa agua pura y recorrió valles y montañas, hasta alcanzar su gran final, que no era tal.
En camino tortuoso pasé por valles y quebradas, por fríos intensos y majestuosos amaneceres. Seguí a mi mojón a través de la cordillera, hasta su llegada al mar. No sin encontrarme en el camino con historias deslumbrantes y parajes exquisitos. Esta es mi historia.
Escogí el mes de septiembre, un mes donde los chilenos se sienten mas chilenos y por ende, escuchan cuecas, se emocionan con las comidas típicas chilenas y buscan desesperádamente quedar como callampa, a base de alcohol y comida; algo así como un kamikaze acto patriótico. Elegí ese mes para no tener que lidiar con todo esto nuevamente, debía arrancarme de todo esto, de ese falso sentimiento, y que mejor que huyendo a lo mas chileno que hay en Chile, la Cordillera.
Ahí si que podía hacer patria, no en una ramada, ni mucho menos escuchando cueca en algún supermercado, mientras hacía la fila para pagar la carne con la que haría un gloriosos asado. En la Cordillera me convertiría en un estoico chileno mestizo, comiendo raíces, cagando en donde quisiera y durmiendo cerca de una fogata hecha por mis esforzadas manos sobrevivientes. Cazando zorros o lo que estuviera a mi alcance; bebiendo agua de los hielos eternos; destrozando el mes de la chilenidad; siendo un chileno puro, sabiendo de antemano que lo mestizo me hace imposible la pureza, pero no por eso dejo de ser un puro chileno, arriba en la Cordillera.
martes, 7 de julio de 2009
El Funeral de Jacko, por Juan Emar:
"Las cosas ocurren en la realidad de muy diferente manera a la que se cuenta generalmente. Nosotros creíamos que habría junto a aquella máquina infernal, un solemne señor de levita y chistera, que, con gesto imponente apretaría un botón, en fin, lo que siempre se cuenta. Nada de eso. Fue el verdugo con sus propias manos quien cogió por lo alto la cuchilla y le asestó con ella de arriba abajo un feroz golpazo en el cuello al pobre diablo. Cayó el cuerpo de este hacia el lado y, con gran estupefacción de mi parte, vi que seguía respirando, respirando fuertemente, como un atleta después de un violento ejercicio. Entre tanto, la cabeza había saltado lejos. El golpazo no había sido uno maestro; muy por el contrario, pues la cuchilla, si bien es cierto que había penetrado, por la base del cráneo, había, en cambio, salido justo por encima de los ojos, los que, por lo tanto, habían quedado en poder del ajusticiado.
"Lo que vino después fue un espectáculo algo grotesco y hasta penoso. Fray Benito, al ver rodar el pedazo de cabeza, corrió tras él, lo cogió como quien coge una cáscara de sandía y luego de examinarlo rápidamente, lo volvió a arrojar por tierra. Esto aprovechó Rudecindo para cogerlo a su vez y ponerlo donde siempre había estado. No ajustó perfectamente, no. Se veía con toda claridad el corte y el buen hombre quedó con ese aire algo ridículo de los que se tocan con un sombrero demasiado pequeño.
"Rudecindo, por tierra siempre -de seguro no tenía fuerzas para incorporarse- empezó a apostrofar al verdugo y no contento con esto, a amenazarle con los puños. Este, sin hacer mayor caso de tales amenazas, permaneció junto a la guillotina y sólo después de largo rato se volvió y avanzó hacia el otro, fingiendo -por broma, claro está, pura chanza- que aceptaba el combate a puñetazos. Mas el ajusticiado Malleco debió haber creído que en serio se le aceptaba el reto, pues se recogió de espaldas, como una bestia acosada y empezó a ejecutar con sus cuatro extremidades desesperados molinetes. El verdugo dejó caer las manos, alzó dos o tres veces los hombros y, riendo al público, volvió a su guillotina. Acto continuo, Rudecindo Malleco empezó a agonizar. y dos minutos más tarde, fallecía."
Juan Emar, Ayer.